Más ascensores en los centros históricos
Los centros históricos de muchos pueblos valencianos tienen un encanto particular, derivado de las pequeñas calles que antiguamente estaban llenas de paseantes y niños. Lamentablemente, hoy en día no queremos caminar tanto, y el calor extremo, el envejecimiento de la población, y la accesibilidad del vehículo particular han convertido cada pequeña plazoleta en un parking.
En muchos pueblos hay barrios enteros que se vacían por falta de aparcamiento. Las personas queremos transportarnos de manera cómoda, y subir una escalera o una cuesta se han convertido en una azaña inalcanzable, ya sea porque las personas son mayores, o por el calor, o por el sedentarismo.
Al final, el resultado es que las angostas calles de los pueblos son un desfile interminable de coches, camiones, furgonetas buscando aparcamiento o haciendo maniobras para meter coches cada vez más grandes en espacios que podrían ser utilizados para jugar, sentarse a la sombra de un árbol, poner un kiosco de la ONCE.
El espacio público se dedica al aparcamiento de coches privados, causando graves gastos a las comunidades que deben mantener estos espacios, muchas veces sin cobrar por el aparcamiento.
Y es que es duro subir la cuesta a pie. Al final todos queremos estar más cómodos, y es más cómodo subir la cuesta en coche.
Las personas que se lo pueden permitir usan su coche de ascensor privado. Suben la cuesta en su ascensor a gasolina, y luego todos tenemos que pagar por el aparcamiento de esos ascensores privados que contaminan, nos impiden plantar árboles o jugar en la calle, nos causan ruidos y otras molestias.
Si tuviéramos más ascensores en los centros históricos muchas personas se ahorrarían la molestia de sacar el coche, buscar aparcamiento cerca del mercado, luego volver a meter el coche en el pequeño garage.
Las personas con problemas de movilidad o visión podrían moverse más fácilmente por los distintos niveles del pueblo. Además hay un componente de género, sobre todo entre la población mayor de los pueblos, donde las mujeres no conducen.
Si hubiera más ascensores en los pueblos, muchas personas no sentirían la necesidad de tener coche, o lo usarían menos. En mi pueblo hay zonas enteras del casco histórico que están siendo abandonadas por falta de aparcamiento. Si se reconvirtieran algunas de las casas abandonadas en ascensores públicos esos barrios se revalorizarían, nuevas familias se mudarían a las casas vacías para disfrutar de la tranquilidad, ayudadas por la comodidad de los ascensores para subir y bajar las cuestas con sus carritos de la compra o de bebés.
Esto reduciría el consumo de combustibles fósiles, la contaminación ambiental, el gasto familiar en transporte, los accidentes, la frustración de los vecinos, el abandono de barrios por falta de aparcamiento.
Además el aumento del tráfico a pie incrementaría el consumo en las tiendas del centro histórico, mejoraría el ambiente en las terrazas que no sufrirían del tráfico, daría independencia a los niños para ir a la escuela a pie, reduciría los accidentes y el desgaste de las calles.
La propuesta resume bastante bien la época: queremos centros históricos sin coches, con plazas vivas, árboles, niños jugando y vecinos saludándose al atardecer, pero siempre que el casco antiguo se comporte como una promoción de obra nueva con ascensor, garaje y cero fricción. Nos encanta la idea del pueblo tradicional hasta que aparece la parte tradicional de verdad: cuestas, escaleras, calles incómodas y la necesidad escandalosa de mover las piernas. Al final no se trata de recuperar la vida de los pueblos, sino de tunearlos para que parezcan antiguos sin obligarnos a vivir ninguna de sus consecuencias. Folclore sí, gemelos cargados... jamás.
Quizás no me has entendido. En estos días de calor, sin sombra, en el pueblo no hay nadie caminando. Sólo hay un desfile permanente de coches buscando aparcamiento en las pequeñas calles.
Las personas que caminamos no podemos ni pararnos a saludar, porque nos tenemos que meter en los portales para dejar pasar los coches que por cierto son cada vez más grandes.
Te opones a los ascensores, como si la falta de ascensores hiciera caminar a la gente. Pero la realidad es que los pequeños centros de los pueblos están congestionados de coches. Cada pequeño espacio se convierte en un aparcamiento, sin permitir ningún otro uso.
Por cierto: para usar el ascensor también hay que caminar.
Si con este calor no hay nadie caminando, quizá convendría pedir asesoramiento a Mariano de Paco, que sostiene que el calor es fuente de inspiración. Tal vez de ahí surja la siguiente gran idea: expulsar los coches del casco antiguo y esperar a que reaparezcan espontáneamente las tertulias de Don Abelardo y Doña Concha en la puerta de casa, los niños jugando en la plaza y la vida de pueblo de los anuncios de turismo.
No llego a entender cual es tu propuesta. Entiendo que quieres enfocarte en que la gente ande y para ello necesitas que se vayan los coches. Pero después estás a favor de los ascensores. No son pocos los pueblos de nuestra preciosa comunidad que tienen cuestas pero son más las que son en llano. Supongo que será algo particular de donde vives que puede que haga falta ascensores. Eso no lo sé pero puede ser. Los coches lo veo la enfermedad del siglo 21 y más con esos sub tan grandes y enormes que congestionan el espacio de todo. Los coches de hoy en día tienen muchos kilos de más y eso produce contaminación pero se limita por la etiqueta verde. Deberíamos de dejar de utilizar el coche para todo y utilizar las piernas. Pero también la gente tiene que tener derecho a decidir como vivir.
No tengo claro que poner ascensores solucione el problema sinceramente.